martes, 12 de febrero de 2008

El problema de lo social y las ciencias sociales

Hay un asunto sencillo, evidente, pero a la vez tremendamente problemático que me perturba hace un tiempo. Partamos de base. Cuando un ingeniero habla sobre problemas relativos a su disciplina, se sitúa de inmediato como autoridad en la materia, fundamentalmente si charla con alguien que carece de los mismos conocimientos técnicos. Lo mismo corre para médicos, e incluso economistas y abogados. Llegando a ciertos niveles de abstracción es posible sostener que lo mismo aplica también para los artistas, independiente de la rama del arte en que se desempeñen. En ello hay un reconocimiento a su especialización, y a que a priori, por la misma, deben poseer un caudal de conocimientos superior, en la materia en cuestión, a los de sus contrapartes. Pues bien, lo mismo ocurre casi en todos los campos del conocimiento, creo, excepto en las ciencias sociales.

Cuando un científico social emite una opinión bien fundada, si encuentra un interlocutor de opinión contraria, esté ésta bien fundada o no, se encontrará ante la incredulidad y el descrédito. Los prejuicios sociales parecen mantenerse incólumnes aún frente a las más sólidas argumentaciones. Es más, de hecho en cada individuo hay una suerte de "científico social", capaz de emitir opiniones que cree de aplicación universal, aún cuando en general se basan en su propia biografía y experiencia. El problema, entonces, para la ciencia social es, primordialmente, validar su discurso, lo que en principio parece sólo puede lograrse con una inicial descontrucción de las ideologías.

En parte el problema fue generado por las propias ciencias sociales. En la actualidad los líderes y referentes de opinión tienden a ser los periodistas, y si ellos lo son, justo es que cada cual se sienta con derecho a imponer su propia verdad (un poco es el paso de "el que nada sabe nada teme" a "el que nada sabe puede opinar sobre todo"). No estoy proponiendo que la gente desacredite sus opiniones para aceptar sin filtro las de los "especialistas", sino que emita opiniones informadas, y que al enfrentarse a una base sólida acceda a no tener la razón. Cómo si eso fuese tan dificil cuando se habla de la construcción de un puente...

En todo caso, cabe considerar que en el seno mismo del problema que planteo para las ciencias sociales está la relevancia fundamental de las mismas. Sus problemas están en todos lados, afectan a todos y todos se interesan por ellos (por unos o por otros). La tarea ahora es validar la posición de la especialización.

P.d. Todo esto encuentra su origen en una latera lista de comentarios prejuiciosos que he recibido, intentando desacreditar algunos argumentos cientificos propuestos por mi. Mas, estoy claro que el problema no es de la gente que los emite, sino de nosotros que no hemos sido capaces de que la gente tenga una base de sustentación para poder dialogar en nuestros términos.

P.d. 2. También debiese hacer una referencia a que nos encontramos en una época mediática donde los usuarios generan sus propios contenidos, etc. Pero me rehúso, porque ese tema es una lata.

3 comentarios:

JM dijo...

Buena manera de exponer un tema que -me parece- se encuentra un poco en el inconsciente colectivo.

Como un ser moderadamente conocedor de algunas materias, debo decir que cuando me veo enfrentado a opiniones desinformadas y/o lisa y llanamente ignorantes, la ira e incredulidad se apoderan un poco de mí.

¿Es que nuestro entorno nos convence de que no necesitamos saber efectivamente para saber?

Creo que es una clara muestra de ego falso el creerse convencido de la validez y sustentabilidad de una opinión basada en meras cavilaciones sin base lógica alguna. Y digo que es ego falso porque estos seres bien podrían plantear su opinión (cuyo receptor, en este caso, es una 'autoridad' en la materia o, al menos, alguien con más o mejores conocimientos) a modo de pregunta; a modo de "¿conversemos?" y no de "¡ja, te ganaré!". Me parece que de esta forma se produce una bella retroalimentación: el 'inferior' aprende, obtiene información nueva e incluso puede llegar a reconocer nuevas maneras propias de pensar, o nuevas líneas lógicas; y el 'superior' se entera de las maneras de pensar del no-académico (sabemos que no es extraño que al academizarse uno en alguna materia se pierda la referencia de la masa, y que uno termine diciendo "pero, ¡¿cómo es que no saben esto?!"), se desarrollan métodos pedagógicos y se pueden producir cuestionamientos y nuevos pensamientos respecto de la materia tratada.

En conversar está la magia, me tinca...

Un agrado leer este blog. Esperaré atentamente nuevos aportes. Le lleva link en el mío.

Saludos,
JM

MGG dijo...

Es usted un preclaro JM. Me encuentro en un 100% de acuerdo con usted en las materias que plantea. Pero me interesaría ir un poco más allá. De lo que se trata es de aceptar las opiniones especializadas para avanzar como sociedad y derribar prejuicios. Más adelante escribiré sobre ello.

JM dijo...

Antes de comentar, me gustaría agradecerle por enseñarme una nueva palabra; y más grande es mi agradecimiento por describirme con ella.

No sé en qué momento se puede haber malentendido mi comentario; parte de lo que quise decir es que es importante estar abierto a las opiniones especializadas, y aprender a escuchar con humildad, juicio y criterio.

Saludos, nos leemos.
JM